Durante años pensamos que las distopías eran advertencias. Las leímos en Orwell, las veíamos en Black Mirror o en El cuento de la criada. Nos tranquilizaba creer que pertenecían al terreno de la ficción. Hoy, en cambio, la pregunta ya no es cuánto se parece la realidad a esas historias, sino cuánto de ellas empezamos a naturalizar, a resignar, a conformarnos con el “peor es nada”.
Continuar leyendoEn tiempos de “desmemoria”, quienes todavía resistimos (y existimos) a los embates del negacionismo y del fascismo, nos preguntamos: ¿cómo mantenemos viva la memoria? Sabemos que los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla. Ahora bien, ¿cómo hacemos para no olvidar?
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