El escenario regional y global confirma que los derechos conquistados nunca son definitivos. El 2026 se abre paso entre represiones ilegales presentadas como procedimientos de seguridad; el avance de iniciativas punitivistas como la baja de la edad de punibilidad; el recrudecimiento de los conflictos armados; el genocidio en Gaza, la criminalización de la protesta; el crecimiento de los femicidios; la pedagogía de la crueldad como forma de vincularnos; y la invasión a Venezuela por EEUU. Las democracias latinoamericanas parecen atravesar un proceso de fatiga que pone en discusión consensos que creíamos consolidados.
