Alondra Carrillo: “En Chile es extremadamente importante fortalecer la presencia territorial del movimiento feminista”

Es representante de una de las coordinadoras feministas más grandes de Chile, la activista analiza los factores que incidieron en los resultados del plebiscito chileno que rechazó la propuesta constitucional que cambiaría el texto constitucional vigente desde la dictadura.

El 4 de septiembre puso en pausa el proyecto constitucional redactado durante un año por 155 convencionales constituyentes en Chile. Con un 62%, la opción Rechazo se impuso al Apruebo que consiguió apenas un 38% de apoyo en los ciudadanos en el país. A diferencia de elecciones anteriores, para definir este plebiscito que buscaba cambiar la Constitución de 1980, estos comicios tuvieron carácter obligatorio, un factor fundamental para comprender la singularidad de este proceso político. 

Por otro lado, una característica que marcó la elaboración de este nuevo texto constitucional fue la preponderancia que tuvieron los movimientos sociales que impulsaron demandas históricas que hicieron estallar la revuelta social en 2019. De ellas, las demandas feministas tuvieron sus representantes en la Convención Constitucional que impulsaron artículos que reconocían los derechos sexuales y reproductivos, el reconocimiento a los cuidados, las cuotas de género en el sistema político, judicial y electoral. Una de las convencionales que estuvo peleando estas normas en el órgano constituyente, fue Alondra Carrillo, psicóloga, feminista y una de las voceras de la Coordinadora Feminista 8M (CF8M), parte de las articulaciones feministas más amplias a nivel nacional. LATFEM habló con ella para analizar a la corta distancia los resultados del plesbicito.

Teniendo en cuenta tu experiencia como convencional, ¿qué factores has ido identificando para hacer una lectura post resultados con la abrumadora victoria del Rechazo?

— Los resultados del plebiscito fueron, sin duda, tremendamente dolorosos y difíciles. Se trata de la derrota de una propuesta con una contundencia que ha sido bastante incontestable. Creo que muchas de nosotras, hemos tratado de ir al mismo tiempo, dando espacios para las emociones que se gatillan con un resultado como este, la tristeza, la desazón, la desesperanza y, al mismo tiempo, poder seguir sosteniendo los espacios colectivos de reflexión, de discusión, de elaboración. También de ir intentando situar una comprensión de lo que ocurrió ese 4 de septiembre. Para nosotras lo más importante hasta este momento ha sido sostener una pregunta, más que responder de inmediato o intentar colmar de respuestas inmediatas a esta situación, que es qué es lo que rechazaron las personas al rechazar el plebiscito.

—¿Qué respuestas han ido apareciendo?

—Lo primero es que no hay una respuesta unívoca. No es que se haya rechazado una única cuestión o que el Rechazo encierre un único sentido. De hecho, pareciera ser que el Rechazo logró sintetizar y reunir sentidos muy diversos, que van desde el Rechazo al órgano constitucional, a los constituyentes, al gobierno, a algunos aspectos del texto constitucional, cuya ponderación relativa no la tenemos clara todavía. También el Rechazo a la incertidumbre en que nos encontramos, a las condiciones de vida en la que está la mayoría de la población, a decisiones como la negación al quinto retiro. Es decir, hay muchísimas cuestiones que han ido apareciendo durante estas semanas que dan cuenta de este carácter muy diverso y heterogéneo de lo que estuvo en juego del Rechazo este 4 de septiembre.

Lo que estamos intentando hacer es ponderar estas dimensiones, poder escuchar atentamente cuáles son las cuestiones que van a apareciendo para ir situando algunos de estos sentidos que tuvo el Rechazo y también ir examinando y discutiendo las tesis que rápidamente aparecieron para ir explicando esto, como que aquí se acababa un proyecto como lo dijo la ultraderecha ese día, que fracasó el feminismo, que fracasó el ecologismo, etcétera. La tesis de que aquí habría habido una derrota fundada mayoritariamente en la desinformación, en las fake news, o que habría habido aspectos del texto, como la plurinacionalidad o el aborto, que habrían sido decisivos. Hemos estado sometiendo a discusión esas distintas tesis, tratando de mantener abiertas esta interrogante, que creemos que tiene que acompañarnos durante los meses que vienen para reorganizar nuestra actividad.

Mirando en detalle las cifras que dan cuenta que comunas con menos ingresos votaron a favor del Rechazo al igual que comunas con población indígena. Lo mismo pasó en comunas con mayor población rural. ¿Cómo explicas lo que ocurrió en estos sectores?

Es lo que tenemos que poder entender, no sé si lo podemos simplemente explicar de inmediato, porque hay sectores que han señalado muy rápidamente y con un carácter más bien oportunista que el hecho de que la Constitución haya sido rechazada por las mujeres, por ejemplo, significaría que el feminismo no les haría sentido a las mujeres. Y, desde mi punto de vista, una afirmación como esta es absolutamente infundada porque bien puede ser posible, que las mujeres hayan estado de acuerdo con las normas feministas, como han señalado todos los instrumentos de medición que han salido, pero que haya habido otras razones más persuasivas que hayan definido su voto por el Rechazo, que hayan pesado en última instancia más que la valoración positiva que se tenía del texto constitucional. Y eso que pesó más al momento de la decisión, es lo que tenemos que tratar de conocer. 

Lo que ha aparecido hasta ahora, como unas de las centralidades, tiene que ver con la propiedad de la vivienda, que apareció prácticamente en todas las ocasiones en que nosotras hicimos campaña, la discusión sobre la heredabilidad de los fondos de pensiones, fueron mostrando que estaban en juego algunas cuestiones que son muy sentidas para la población y que fueron significativas para determinar la decisión. Pero sí creo muy importante es que en el fondo no es posible poder explicar rápidamente por qué el Rechazo ganó en los sectores que de alguna manera se esperaría que hubiesen tenido otro resultado, porque muchas veces esa explicación es la expresión de un sesgo porque no contamos necesariamente hoy con la información sensible y necesaria para responder a esa pregunta. Por eso, es tan importante mantener la pregunta abierta y sostenerla. 

Respecto a los artículos que respondían a derechos de los pueblos indígenas, abogados e historiadores mapuche, entre ellos Fernando Pairican, han hablado sobre la idea de una “Constitución indigenista” como una estrategia del Rechazo para plantear que las personas pertenecientes a pueblos indígenas serían favorecidos por sobre los no indígenas. ¿Cuánto hubo de esto en los resultados?

—Eso no lo podemos afirmar, pero sí creo que no es posible soslayar los aspectos de la campaña que se levantó. Hubo una desigualdad profunda en el proceso de conocimiento del texto constitucional que estuvo marcada por una activa desinformación, respecto de algunos contenidos del texto. Por otra parte, efectivamente, la derecha, el rechazo, levantaron una campaña de carácter abiertamente racista que pretendía presentar la plurinacionalidad, es decir, el reconocimiento de que en nuestro país habitan y naciones indígenas preexistentes y que son sujetos colectivos, que, por lo tanto, son sujetos de derechos que ya son reconocidos que iban tener un estatuto constitucional. Esa campaña buscó distorsionar el sentido de la plurinacionalidad, hacer parecer que en el país iba a existir un grupo privilegiado, pero también que nos íbamos a dividir, señalando que iba a ver leyes distintas para cada pueblo, que Chile iba a ser varios países aprovechándose del desconocimiento general entre Estado y Nación. Eso estuvo muy marcadamente presente y la visión de una “Constitución Indigenista” que de por sí es una visión por sí misma cargada de una violencia racista muy fuerte y que también se encuentra con una historia donde el racismo ha sido una parte importante de la Constitución de nuestros pueblos. 

Analizando el escenario político y las últimas elecciones, ¿cómo se explica la diferencia de votos con las elecciones presidenciales de Gabriel Boric? ¿Hacen una autocrítica en ese sentido?

—No podemos pensar que la elección presidencial haya marcado una tendencia. Si queremos mirar las elecciones que han tenido lugar durante los últimos años, lo que vamos a ver son muchas cuestiones. En primer lugar, que hemos tenido elecciones que han renovado todos los cargos de elección popular durante los últimos años. En esas elecciones, hay algunas en las que se han presentado fuerzas participativas y otras no, en las que se han escogido cargos por una única vez y otras en las que no. Ha habido elecciones con una paleta ordinaria y otras con múltiples elecciones. Todas las elecciones hasta el momento desde las presidenciales, han sido con voto voluntario. Las elecciones de convencionales constituyentes fueron elecciones que demostraron una integración extraordinaria que dejó atrás a sectores que luego fueron decisivos para la elección parlamentaria, como el Partido de la Gente, que por una cuestión más bien azarosa no pudo inscribir lista porque fueron declaradas ilegales por estar al amparo de una empresa como Felices y Forrados, pero luego inscriben el partido y sus fuerzas aparecen fuertemente en el Congreso. Luego, tenemos las elecciones presidenciales y luego el plebiscito. Su singularidad es que fue con voto obligatorio y la mayoría de los datos que hasta ahora tenemos nos muestran que el voto obligatorio fue prácticamente un enorme bolsón de votos hacia la opción del Rechazo. 

Esta es la primera ocasión en que como movimiento social nos vemos enfrentado a un electorado de esa magnitud. De lo que hasta ahora hemos desprendido: es que la campaña por el Apruebo llegó tarde, el 6 de julio, un momento en que la campaña del rechazo llegaba meses instalándose, financiada. Llegamos en un momento donde la configuración del relato resultaba irremontable. En segundo lugar, que las fuerzas que impulsamos los contenidos transformadores del texto constitucional nunca tuvimos a la vista con el peso que era el plebiscito de salida. Es decir, que iban a asistir a votar sectores que no habían tenido ninguna relación con este álgido proceso de lucha política que había destinado un sector de nuestro pueblo. Por lo tanto, iban a ser parte no a partir de esta experiencia tan fuerte, tan cotidiana que estaba teniendo ese sector, sino que iban a tener acceso exclusivamente a partir de la televisión y las redes sociales. Y ahí lo que estaba más presente, y está documentado de todas formas en que han sido difundido y pagados, era el Rechazo. Para una persona que iba a votar por primera vez, que no tuviera participación política, bastaba prender la televisión o usar las redes sociales, pero para conocer el proyecto constitucional, los sentidos de las normas, desmontar las ideas fuertemente mente difundidas necesitabas tener al lado a un activista, a un militante, a una vecina o vecino que estuviera informado sobre el proceso. Esa desigualdad profunda marcó la elección. 

Se habla, además, de la política de las “identidades”, identidad de género, de diversidades, pueblos indígenas, ¿en qué sentido crees que marcó la propuesta constitucional y los resultados? 

— Pienso que el texto constitucional muestra los avances de sectores organizados establemente del movimiento social son el movimiento feminista, las luchas socio ambientales, las luchas por la desprivatización por los bienes comunes, por el agua, por los derechos de la naturaleza, creo que esa enorme diversidad de desarrollo programático lo que van mostrando a un movimiento social que progresivamente va desarrollando aspectos de un programa común y que la fragmentación con la que ese programa se presentó finalmente en el texto constitucional muestra una fragmentación social que hoy existe. 

Desde mi punto de vista imputar al texto constitucional una suerte de mirada identitaria lo que hace es pretender que exista algo como una titularidad universal de las demandas que sería distinto a esta multiplicidad de identidades, que estaría portada por alguien más. Alguien que, a diferencia de un sector, o un sujeto o una mirada política que a diferencia de este movimiento social heterogéneo y con distintas lecturas y programas tendría una mirada global que hizo falta en el texto constitucional y, al menos, desde mi punto de vista, el trabajo de construir un proyecto general que pueda mostrar el sentido de conjunto de todas esas reivindicaciones que buscan transformar las condiciones de vida de las mujeres trabajadoras, que busca transformar las condiciones de reconocimiento de los pueblos originarios, en que nos relacionamos con el medio ambiente. Ellos son parte del desarrollo de un proyecto más general que hoy está en muchas mejores condiciones para presentarse o desarrollarse a partir del trabajo que supuso la redacción del texto constitucional. No va a ser una suerte universal existente en otro lado el que va a venir a responder las necesidades de este proyecto general, va a surgir justamente de las luchas y de sectores del movimiento social existente y de las posibilidades de ir haciendo avanzar un proyecto de conjunto que pueda interpretar las necesidades de nuestros pueblos para un momento tan crítico como el que estamos viviendo hoy. 

¿Qué aprendizajes quedan para lo que continúa del proceso?

—Dos cosas: primero, el aprendizaje que supuso el trabajo de construcción de la Constitución es extremadamente significativo, tanto por lo que aprendimos respecto a cómo construir una fuerza transversal que pueda empujar este programa al intervenir de los debates políticos, como también el hecho de tener hoy día esta Constitución que constituye un mínimo de derechos irrenunciables para nosotras para el feminismo que va a ser una orientación programática para lo que viene. Lo que también es extremadamente importante es la necesidad de fortalecer la presencia territorial del movimiento feminista Una presencia que está ahí, que lleva organizada durante mucho tiempo, que se ha multiplicado durante los últimos años, que se desarrolla de manera autónoma, pero que es necesario también seguir robusteciendo. De modo que la próxima vez que nos enfrentemos a una lucha como la que vivimos en este contexto no pase que la única forma personas accedan a la información sea a través de las noticias falsas pagadas por el empresariado en la prensa, sino que la presencia territorial sea lo suficientemente robusta, articulada y conjunta como para poder asumir la magnitud de los desafíos que nos estamos proponiendo. El movimiento social y también el movimiento feminista ha enfrentado en este periodo tareas que superan con creces las capacidades orgánicas de nuestras organizaciones. Eso nos plantean un desafío de poder robustecer nuestra organización, de poder multiplicarla y fortalecerla porque las tareas que vienen en adelante, pueden ser incluso que las enormes tareas que nos ha tocado enfrentar hasta hoy. 

¿Cómo ves lo que se viene para adelante?

—Lo primero que tenemos que hacer es una lectura sobre el escenario político en el que nos encontramos y que es un escenario muy complicado porque el Rechazo de la propuesta constitucional entrega la iniciativa política de los sectores que fueron impugnados por la revuelta. Sectores que, además, se han negado sistemáticamente a una transformación constitucional que nos queda entregar una respuesta institucional a la que nos encontramos. También porque el Rechazo deja planteado y sin respuesta los problemas que hicieron aparecer este proceso en primer lugar. Es decir, los mismos problemas siguen presentes y no tienen respuesta, y han pasado tres años. Por lo tanto, estamos en un momento en el cual el escenario se torna más adverso. Se ha difundido ampliamente una mirada racista, de negación de los principales aspectos programáticos de un Estado social y democrático de derecho por parte del Rechazo que va a tener que ser remontado.  

También nos encontramos en un escenario de crisis económica, con un gobierno que, sin duda, va a tener muy difícil el resto de su periodo. Con una derecha envalentonada porque asume, que el 62% del plebiscito asume que es de apoyo a ellos. Tanto institucionalmente como vitalmente, en tanto las condiciones de vida de la población, estamos en un momento muy complejo. La acción que organicemos de aquí en adelante va a tener que responder a eso. Por eso, para nosotras es tan importante estar atentas y observar cómo se va a desarrollar este proceso constituyente que está acordando la institucionalidad parlamentaria y, por otro lado, no destinar todos nuestros esfuerzos a ese exclusivo terreno porque es por abajo, por la organización social, los territorios y población, por donde es posible que vaya creyendo la ultraderecha, que es lo que nos parece más peligroso del devenir posible de este contexto y de politización de masas que estamos viviendo. 

Desde la CF8M, ¿cómo enfocarán su trabajo?

—Es una discusión que estamos teniendo ahora, no podría adelantar tanto. Pero, sí, en el fondo, podría plantear es que esa perspectiva, esa centralidad de nuestro trabajo de cara al tiempo porvenir, esa perspectiva de fortalecimiento de una presencia y articulación territorial lo más robusta posible que pueda enfrentar conjuntamente las tareas que vienen, que pueda recoger los aprendizajes en torno al lenguaje, preocupaciones, a cómo ir socializando las perspectivas programáticas que el movimiento feminista ha venido construyendo son las cuestiones que van a ir orientándonos. 

puede que te interese
Relacionadas