La violencia política de género no es un problema individual ni un fenómeno que afecta a unas pocas mujeres y disidencias en cargos. Es un mecanismo que organiza quién puede participar en la democracia, en qué medida, en qué condiciones y a qué costo. Mientras ese mecanismo siga operando, la democracia que tenemos no es un régimen con un déficit de género corregible: es un sistema que necesita estructuralmente esa exclusión parapara sostener su funcionamiento.
