Hay algo que viene presionando, incomodando y que no terminamos de profundizar. Si, hablar de ustedes, en sus contextos, en sus peleas, sobre las situaciones de violencias que atraviesan y en las respuestas que se generan sobre esto. Lo que inquieta es en sí, la velocidad con la que se construyeron sentidos sobre ustedes que proponen argumentar respuestas simples a problemas no pensados. En pocos días aparecieron explicaciones cerradas. Diagnósticos rápidos, atajos. Discursos sobre “adolescentes violentos”, “pérdida de valores”, “falta de límites”. Y mientras todo eso sucedía, casi nadie parecía preguntarse qué está diciendo esta época a través de ustedes. Donde la interpretación adulta se suma a la larga lista de esas acciones que no permiten escuchar lo que tienen para decir.
