La importancia de repensar nuestra relación con la memoria y el territorio.

Durante la primera semana de marzo pude asistir al pre-estreno del último documental de la directora salteña Lucrecia Martel, titulado “Nuestra Tierra”.

Se trata de un proyecto que surge a partir de un video del 2009 viralizado en YouTube que captó su atención, en el que se ve cómo un hombre y dos cómplices intentan desalojar a los miembros de la comunidad indígena de Chuschagasta, en nuestra provincia tucumana. Reclamando la propiedad de la tierra y armados con pistolas Dario Amín, asesina al líder de la comunidad Javier Chocobar. Este suceso alarmante dio pie a que hoy este documental pueda ser visto y tratado a nivel internacional.  

Como tema está presente la injusticia y la falta de respeto por la propiedad de los pueblos indígenas. La película no solo propone un viaje inmersivo hacia las tierras tucumanas, sino que desde la imagen, construye un recorrido que va de lo universal a lo singular: un plano general de la Tierra observada desde un satélite espacial hasta una canchita de fútbol en medio de los cerros.  Es en este territorio donde se entrelazan la historia, la memoria y la pertenencia de la comunidad Chuschagasta, que aún hoy lucha por justicia y por el reconocimiento de sus tierras.

A través de este recorrido se construye una experiencia sonora en la que los sonidos del norte dialogan con el material de archivo presente. El relato se alterna entre la vida y los testimonios de miembros de la comunidad y el juicio oral al que debieron enfrentarse tras el asesinato de su referente. Esta dimensión sonora, tan característica del cine de Lucrecia Martel, nos interpela, nos incómoda y nos adentra como espectadores de lleno en el conflicto.

Principalmente Lucrecia nos deja en claro su postura de una manera muy contundente, visibiliza la lucha por la restitución de las tierras y pone en evidencia la persistencia de lógicas coloniales. Esta crítica al llamado colonialismo blanco atraviesa todo el relato, no solo desde el discurso, sino también desde la forma en que las imágenes y los sonidos construyen una mirada situada. De esta manera nos invita a repensar como ciudadanos nuestra relación con el territorio, la memoria y la verdadera identidad.

En este sentido, la afirmación del título Nuestra Tierra adquiere un doble significado: “la tierra es nuestra” no solo desde la lucha de la comunidad Chuschagasta por el reconocimiento de su territorio, sino también como una interpelación directa a los espectadores. Nos invita a asumir nuestra responsabilidad sobre la tierra que habitamos, a reconocernos como parte de ese espacio y a entender que las comunidades indígenas también lo son, desarmando así cualquier idea de pertenencia excluyente.

Notas de contexto: Belén Leguizamón y Pablo Gargiulo de Andhes, integraron el equipo jurídico en representación de la familia Chocobar, en la causa por el asesinato de Don Javier. Andhes también integró la Mesa de Justicia por Javier Chocobar. Aportamos así a las estrategias jurídicas, de comunicación e incidencia en esta causa.

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