El noroeste argentino fue históricamente territorio de prueba en reformas de profundo carácter punitivista y represivo, en muchas oportunidades como contracara de brutales ajustes económicos, que impactan de manera diferenciada y recrudecen la vulnerabilidad de las personas en situación de vulnerabilidad y favorecen el nivel de violencia, en otras simplemente como una promesa vacía de respuesta simple a una problemática que es compleja, pero siempre con el señalamiento y construcción de un “otro” peligroso, indeseable, desechable para el Estado - indígena, adolescente, joven, pobre, mujer, disidencia, etc - y con la puesta en marcha de los recursos estatales para la criminalización de ese “otro”. En una reconstrucción más lejana en el tiempo, podemos citar el Operativo Independencia en Tucumán en el año 1975, a través del cuál se pusieron en marcha prácticas de terrorismo de estado que luego las fuerzas armadas y de seguridad replicarían de forma masiva durante la última dictadura cívico-militar, a partir del año 1976.
