Sembrar memoria, defender el territorio: veinte años de resistencia en Cangrejillos

A veinte años del trágico accidente que marcó la historia de la Comunidad Aborigen Cangrejillos, el lanzamiento del videoclip Kimsa Nuna (Tres almas) vuelve a poner en escena una lucha que lleva más de dos décadas: la defensa del territorio frente al avance de la megaminería. Construida junto a la comunidad, la obra de Rut Alonso entrelaza arte, memoria y organización colectiva para contar una historia que sigue escribiéndose en cada asamblea, en cada acción judicial y en cada decisión de decir

Hay historias que los expedientes judiciales no alcanzan a contar.

Historias que habitan en las ceremonias a la Pachamama, en las reuniones comunitarias, en las coplas y en la memoria de quienes ya no están. Historias que sobreviven porque una comunidad decide seguir narrándolas.

La historia de la Comunidad Aborigen Cangrejillos es también la historia de una organización que, durante más de dos décadas, decidió defender su territorio frente al avance de proyectos de megaminería. Una defensa que no se construyó de un día para otro, sino a través de asambleas, acciones directas, espacios de formación, redes con otras comunidades y una estrategia jurídica que llevó el conflicto hasta los tribunales.

En ese recorrido, la memoria ocupa un lugar central. El año 2006 quedó marcado por un trágico accidente que atravesó profundamente a la comunidad: cuatro de sus integrantes perdieron la vida cuando regresaban del Segundo Malón de la Paz. Desde entonces, su ausencia forma parte de una memoria colectiva que acompaña la defensa del territorio y que, dos décadas después, sigue presente en la historia de Cangrejillos. Aquel proceso de movilización también llevó a la escena nacional las demandas de los pueblos indígenas por el reconocimiento de sus territorios y sus derechos. 

Veinte años después, aquellas luchas no quedaron atrás. Se transformaron, se reorganizaron y encontraron nuevas formas de expresarse. Una de ellas es Kimsa Nuna (Tres almas) el videoclip protagonizado por la artista Rut Alonso junto a integrantes de la comunidad. La obra no llega desde afuera para contar una historia ajena. Surge del encuentro con Cangrejillos, de compartir sus espacios, sus recorridos, sus ceremonias y sus actividades con sus niñeces y familias. Por eso, más que una pieza artística sobre un conflicto, Kimsa Nuna se convierte en otra forma de narrar una resistencia que la comunidad viene construyendo desde hace años.

La organización como camino de resistencia

Mucho antes de que la defensa del territorio llegará a los tribunales, la comunidad ya había comenzado a construir una respuesta colectiva frente al avance de proyectos mineros. En 2009 presentó una acción de amparo para exigir el respeto de sus derechos indígenas y ambientales, luego de que gran parte de su territorio quedará alcanzado por solicitudes de cateo y explotación minera sin que se garantizara el derecho a la consulta previa, libre e informada.

La demanda también puso en discusión la existencia de pasivos ambientales heredados de antiguas explotaciones mineras (como piques, pozos, escombreras y otras estructuras abandonadas) cuyos impactos ambientales y sociales todavía requieren ser determinados y remediados. Pero el camino hacia la Justicia no fue el único frente de esa resistencia. La comunidad advirtió la necesidad de conocer qué estaba ocurriendo en su propio territorio y construir herramientas para defenderlo.

“La comunidad decidió tomar tres ejes y esos tres ejes se fueron resguardando”, recuerda Tolay, miembro de la Comunidad Aborigen Cangrejillos. El primero fue la acción directa: “Los mineros pasaban como dueños de su casa, entonces la comunidad decidió ponerles tranqueras para no darles paso”, explica. El segundo fue la difusión. La comunidad comenzó a producir y compartir información para comprender qué implicaban los proyectos de megaminería y, al mismo tiempo, para que esa información pudiera circular más allá de la comunidad de Cangrejillos. “No toda la comunidad sabía lo que implicaba la megaminería a cielo abierto. Los informes de impacto ambiental venían en inglés o eran muy técnicos, así que empezamos con una difusión interna y después hacia otras comunidades y la sociedad en general”, señala Tolay. El tercer eje fue la defensa jurídica “Demoramos mucho porque no encontrábamos abogados. Mientras aprendíamos cómo movernos en lo legal, los expedientes seguían avanzando y las denuncias que hacíamos quedaban sin respuesta. Por eso decidimos presentar un amparo en la Justicia provincial”, relata.

Estas tres dimensiones terminaron formando parte de una misma estrategia: organizarse para decidir sobre el territorio. “Podemos discutir muchas cosas dentro de la comunidad, pero cuando hablamos de minería hay una postura unificada”, concluye Tolay.

Esa unidad no surgió de la ausencia de debates, sino precisamente de haber atravesado esos debates. Para Laureano Marina Vilte, integrante del equipo técnico que acompaña a la comunidad, allí radica uno de los aspectos más significativos del proceso: “La autonomía de los pueblos es un derecho que vamos a defender. Cangrejillos es una comunidad que se ha reunido de forma muy consciente, se ha organizado de forma autodeterminada para formarse, promover capacitaciones y llegar a un consenso total en contra de la megaminería. Eso no nace de un día para otro; nace de darse el tiempo de charlar, debatir, formarse, buscar ayuda, hacer redes y participar con otras comunidades.”

Esa organización permitió que la Justicia hiciera lugar a una medida cautelar para suspender los trámites administrativos de nuevos pedimentos mineros mientras avanzan las pericias ambientales.

Una justicia que llega, pero todavía no alcanza

El reconocimiento judicial de la medida cautelar significó un avance para la comunidad, pero no puso punto final al conflicto. Por el contrario, abrió una nueva etapa marcada por la necesidad de producir información técnica que permita conocer qué sucede en el territorio y cuáles son las consecuencias de los pasivos ambientales que permanecen allí desde hace décadas.

Para eso deben realizarse pericias ambientales. Sin embargo, el proceso avanza lentamente y algunas de las medidas ordenadas todavía no pudieron completarse. “La pericia tiene como objetivo determinar si los pasivos mineros ambientales están produciendo algún tipo de contaminación o representan un riesgo para el ambiente. Es una pericia compleja y por eso el proceso avanza lentamente, pero hoy lo que realmente lo está frenando es el dinero”, explica Samanta Delgado, integrante del equipo jurídico que acompaña a la comunidad. La falta de recursos, señala la abogada, mantiene demoradas distintas medidas necesarias para avanzar en la causa. “Hay una medida cautelar que suspende el trámite administrativo de los pedimentos mineros, pero también hay medidas preventivas y periciales que no se pueden realizar porque el Estado provincial arguye la falta de presupuesto.”

El problema, entonces, excede los tiempos propios de un expediente judicial. Mientras la causa espera la producción de pruebas, la comunidad continúa viviendo en un territorio donde permanecen estructuras vinculadas a antiguas explotaciones mineras.

Para Delgado, esa situación compromete directamente la responsabilidad estatal: “Hay una responsabilidad del Estado como garante. No se trata de un juicio patrimonial, sino de un juicio de derecho ambiental y de derecho indígena. Cuando está en juego el derecho a un ambiente sano, el Estado tiene que garantizar todas las medidas necesarias para que el proceso avance.”

La expectativa de Cangrejillos tampoco se limita a obtener una resolución favorable. La comunidad busca que la causa permita conocer el estado real de su territorio, determinar responsabilidades y avanzar hacia respuestas concretas frente a los daños existentes. Y, sobre todo, busca que esa defensa no implique solamente reaccionar frente a cada nuevo proyecto minero, sino sostener el derecho de la comunidad a decidir sobre su propio territorio.

Esa convicción aparece una y otra vez en las palabras de Nélida Tolay. No como una consigna aislada, sino como el resultado de años de organización: “El mejor homenaje es seguir luchando y seguir peleando por el territorio; no venderlo, no entregarlo a la minería porque sabemos todo lo que destruye.”

Kimsa Nuna: cuando el arte también resiste

En ese mismo camino de organización, memoria y defensa territorial surgió Kimsa Nuna. Este videoclip, nació a partir de distintos encuentros con la comunidad. El equipo artístico acompañó actividades con las niñeces y familias y compartió espacios en los que la historia del territorio no aparece como algo del pasado, sino como una memoria viva que se transmite entre generaciones.

Por eso, Kimsa Nuna es otra herramienta construida en el mismo proceso de resistencia. Si las asambleas permitieron tomar decisiones, la difusión permitió compartir información y la vía judicial permitió disputar derechos dentro de las instituciones judiciales, el arte abre ahora otro espacio para contar lo que ocurre en el territorio y amplificar la voz de la comunidad.

Kimsa Nuna recupera la identidad, la memoria y el vínculo espiritual con la tierra. No busca solamente mostrar aquello contra lo que la comunidad se organiza, sino también aquello que está defendiendo: una forma de vida, una cultura, una relación con el territorio y un futuro pensado desde la propia comunidad.

En ese sentido, la comunicación vuelve a ocupar el lugar que Nélida señalaba al recordar los primeros años de organización: “Entonces, la comunidad tuvo que traducir informes técnicos, producir información y explicar hacia afuera qué significaba el avance de la megaminería.” Hoy, el arte permite contar esa misma historia desde otro lenguaje, haciendo que la memoria vuelva a encontrarse con el presente. 

A veinte años del Segundo Malón de la Paz y del trágico accidente que marcó a la comunidad, Cangrejillos continúa construyendo herramientas y estrategias para defender su territorio. La lucha cambió de escenarios, incorporó nuevas voces y encontró nuevas formas de expresión, pero mantiene una misma pregunta: quién decide sobre la tierra y qué modelo de futuro se construye sobre ella. En Cangrejillos, recordar también es una forma de organizarse, y organizarse, veinte años después, sigue siendo una forma de resistir. Porque mientras la memoria permanezca viva, también permanecerá la decisión de defender el territorio: la tierra no se vende. 


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