Para seguir pensando #15

La recomendación llega de la mano de Ariadna Espindola Pinela, que nos invita a reflexionar sobre la ​película "La dictadura perfecta”

Una película mexicana dirigida por Luis Estrada que, desde la sátira y el humor, la ironía y lo absurdo, pone en escena la denuncia y crítica, de la relación entre el poder político y los grandes medios de comunicación. Estrenada en 2014, la película hace una crítica muy directa al contexto político mexicano de ese momento y a los vínculos entre el gobierno de Enrique Peña Nieto y los grandes grupos mediáticos (TV Azteca-Televisa).

Está película, permite analizar y preguntar cuál es el rol de los medios de comunicación masivos y hegemónicos , y si esto responden a una lógica de relaciones de poder de dominación contribuyendo a  construcción de una determinada mirada sobre la realidad.

La misma, visibiliza y evidencia cómo la articulación de las estrategias comunicacionales, los intereses económicos y el poder político, desde una lógica capitalista;  se instala con las operaciones, instrumentadas por los medios monopólicos de comunicación,  articulados con políticas de gobiernos neoliberales y de derecha, manipulando las capacidades de elección y por ende de decisión de la ciudadanía. ¿De qué manera? A través de instalar temas que refuerzan estás lógicas, la construcción de la figura político/personaje, la espectacularización de los hechos, creación de Fake news; dejando por fuera la crítica social, vulnerando el  derecho de acceso a la información, operando contra la libre expresión, la libertad de prensa y la competencia justa.  

En este sentido, permite cuestionar: ¿qué pasa con el derecho a la información cuando se concentra en los medios hegemónicos? ¿Que  posibilidad real existe de construir discurso contrahegemónico y con ello disputar sentidos ? 

La concentración del poder mediático termina afectando no solamente la libertad de prensa y la libertad de expresión, sino también nuestra posibilidad de acceder a información plural y diversa. Porque para poder elegir, opinar y participar políticamente,  necesitamos acceder a  información qué desnaturalice los hechos, qué permita reflexionar y generar pensamiento crítico. 

La película lleva estas situaciones al extremo trabajando con la sátira, pero muchas de las operaciones que muestra resultan bastante reconocibles. La construcción de escándalos, las noticias utilizadas para desviar la atención, las alianzas entre empresas y gobiernos o la transformación de la noción de información, no cómo acceso sino como producto vendible; forman parte de las discusiones que siguen presentes.

Quizás por eso La dictadura perfecta sigue siendo interesante tantos años después. Porque permite pensar si existe una neutralidad en mirar y construir lo real, y que papel tienen los gobiernos y los medios en esta construcción. 

Y sobre todo deja una pregunta bastante incómoda: ¿cuánto de lo que pensamos que elegimos libremente ya fue previamente seleccionado, ordenado y construido para nosotres? ¿Con qué fin? ¿Cuál es el objetivo de informar? ¿Qué hacemos con la información, la reproducimos o la pensamos?




Directora Institucional (Jujuy)

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