La llorona, dirigida por Jayro Bustamante, es mucho más que una historia de fantasmas. Es una metáfora urgente sobre la memoria, la impunidad y la responsabilidad histórica en Guatemala, particularmente en relación con el genocidio del pueblo maya durante la década del 80, bajo la dictadura de Efraín Ríos Montt. Ríos Montt fue condenado por genocidio en 2013, en un fallo histórico para América Latina, aunque la sentencia fue anulada poco después y murió sin condena firme. Esa tensión entre justicia y negación es el clima que atraviesa toda la película.
