Para seguir pensando #9

En esta edición de “Para seguir pensando” quiero recomendar una película que, desde el terror y el suspenso, nos enfrenta con una de las heridas más profundas de nuestra América Latina.

La llorona, dirigida por Jayro Bustamante, es mucho más que una historia de fantasmas. Es una metáfora urgente sobre la memoria, la impunidad y la responsabilidad histórica en Guatemala, particularmente en relación con el genocidio del pueblo maya durante la década del 80, bajo la dictadura de Efraín Ríos Montt. Ríos Montt fue condenado por genocidio en 2013, en un fallo histórico para América Latina, aunque la sentencia fue anulada poco después y murió sin condena firme. Esa tensión entre justicia y negación es el clima que atraviesa toda la película.

La trama se sitúa en la casa de un exgeneral acusado de crímenes de lesa humanidad. Mientras afuera crecen las protestas y el reclamo de las víctimas, dentro del hogar comienzan a suceder hechos inquietantes. Los sonidos nocturnos, el agua, los llantos y las presencias extrañas construyen una atmósfera cargada, donde el terror no proviene únicamente de lo sobrenatural, sino de la memoria que irrumpe y exige ser escuchada.

Personalmente, elijo esta película también porque me interesa profundamente el cine de terror y suspenso como lenguaje político. Aquí, la figura de la Llorona —esa leyenda popular latinoamericana de la mujer que llora eternamente por sus hijos— es resignificada de manera potente. Bustamante le da un giro radical: ya no es solo el mito de la madre que carga con su culpa, sino una encarnación de la justicia poética. La Llorona se vuelve presencia incómoda, memoria viva, reclamo que no se apaga.

Otro detalle significativo es la aparición de Rigoberta Menchú, histórica activista por los derechos del pueblo maya y Premio Nobel de la Paz, cuya figura refuerza el anclaje político y simbólico del film. No se trata únicamente de una ficción: es una obra profundamente conectada con luchas reales y con voces que han resistido durante décadas.

Además, La llorona marcó un hito al convertirse en la primera película guatemalteca nominada a los Premios Oscar en la categoría de Mejor Película Internacional. Este reconocimiento amplificó a nivel global una historia que nace de un territorio específico, pero interpela a toda la región.

Recomiendo La llorona porque nos invita a pensar cómo el cine puede ser una herramienta para trabajar la memoria colectiva, cómo las leyendas populares pueden resignificarse políticamente y cómo el terror puede convertirse en un lenguaje para hablar de lo que muchas veces resulta imposible nombrar de otro modo.

Es una película para ver con atención, dejar que nos incomode y, sobre todo, para seguir pensando.


Directora Institucional (Jujuy)

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