Fue un espacio de organización e intercambio donde fortalecimos experiencias, asumimos nuevos roles y, sobre todo, nos preguntamos cuál es nuestra incidencia real en la política y en los contextos actuales que atravesamos.
Fue un espacio de organización e intercambio donde fortalecimos experiencias, asumimos nuevos roles y, sobre todo, nos preguntamos cuál es nuestra incidencia real en la política y en los contextos actuales que atravesamos.
El encuentro incluyó una serie de actividades y talleres que marcaron profundamente nuestra reflexión colectiva. La sesión “Algoritmos, política y afectos” (Amnistía Internacional - Impacto Digital) abrió un debate necesario sobre cómo las tecnologías y las plataformas digitales moldean nuestras formas de participación y comunicación política. Posteriormente, el panel “La democracia desde abajo” puso en diálogo nuestras experiencias territoriales con discusiones más amplias sobre ciudadanía activa, organización comunitaria y construcción democrática.
Las actividades prácticas nos permitieron experimentar estrategias colectivas orientadas a fortalecer vínculos sociales y regionales. Estos espacios evidenciaron la complejidad de transformar ideas en propuestas concretas y mostraron que la articulación entre actores sociales, organizaciones y Estado resulta clave para generar incidencia real en las políticas públicas. En el círculo “Militar en red” reflexionamos sobre la importancia de sostener procesos colectivos en el tiempo, integrando la participación con la acción estratégica y organizada.
El proceso formativo dejó en claro que, aunque las juventudes contamos con voluntad de acción y una enorme capacidad creativa, persisten obstáculos estructurales: el acceso limitado a espacios de decisión, la escasa representación en ámbitos institucionales y la falta de articulación entre distintos niveles de gobierno. Reconocer estas limitaciones no implica desánimo, sino asumir con mayor responsabilidad el desafío de superarlas.
La perspectiva de género, eje transversal de mi voluntariado en ANDHES, emergió como guía y desafío permanente. Incorporarla implicó cuestionar prácticas naturalizadas, visibilizar desigualdades estructurales y promover proyectos que no reproduzcan discriminaciones históricas. Sin embargo, también exige compromiso institucional, formación continua y voluntad política para que no quede reducida a una declaración discursiva.
Más que afirmar si participamos o incidimos, este encuentro confirmó que la juventud no puede permanecer en los márgenes de la toma de decisiones. Asumirnos como actoras y actores políticos requiere dar un paso más: formarnos, organizarnos y disputar espacios reales de poder en nuestras provincias.
Como profesional y militante, y desde el compromiso con el área de género, entiendo que la incidencia no es una consigna abstracta, sino una práctica cotidiana que se construye en el territorio, en la articulación con organizaciones y en el diálogo permanente con el Estado. Jujuy necesita juventudes preparadas, con mirada crítica y perspectiva de derechos, capaces de transformar demandas en políticas públicas concretas.
El desafío hacia adelante es consolidar una agenda juvenil con proyección regional, fortaleciendo liderazgos colectivos, articulando con distintos actores sociales y profundizando la formación política y técnica. Construir una provincia más justa, inclusiva y democrática requiere juventudes que asuman la responsabilidad de incidir de manera sostenida, estratégica y comprometida en los procesos de toma de decisión.
Lic en Trabajo Social Voluntaria del Area de Genero y Derechos Humanos en ANDHES.
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