Detrás de escena #16 | Lisandro Manuel Palavecino Bó

Lisandro Manuel Palavecino Bó - Voluntario de la Línea de Defensa y Litigio Estratégico.

Me gustaría arrancar estas palabras contando que soy un experto en quejarse, desde que me despierto hasta que me duermo estoy renegando. Podría decirse que encuadro en aquella expresión que dice “a este nada le viene bien”, y tendrían mucha razón en decirlo. Ahora imagínense lo que era tenerme que tolerar a partir de fines del 2023, fecha desde la cual pasé a ser alguien insoportablemente quejoso en todo lo relacionado a nuestro país.

Para inicios del 2025 me invadió una duda: ¿De qué sirve quejarse sentado? ¿Qué puedo hacer para poder enfrentar esta realidad? Por suerte y para contestar estas preguntas me llegó un mensaje de mi amiga Agostina Budeguer. Me contaba que ANDHES abría convocatorias para sumar voluntarios, una de ellas para la Línea de Defensa y Litigio Estratégico. Ni lo dudé: mandé mi CV y una carta de intención.

Pasadas las semanas llegaría la noticia de que había entrado a ANDHES, y me terminaría de incorporar en mayo de 2025. Tengo muchos recuerdos de mi primera reunión, me acuerdo que quedé asombrado por todas las tareas que lleva Defensa y la diversidad de las mismas. A partir de ahí comencé a entender no solamente qué era una Línea, sino también el organigrama y método de trabajo de la orga. 

Debo decir que en ese momento yo todavía no era abogado, estaba terminado la carrera por lo que conocer a mis compañeros fue admirable: eran todos abogados llenos de experiencia y con tanta diversidad de experticias. Quiero aprovechar este párrafo para agradecerles a todos la confianza y paciencia que depositaron en mí.

Mi primera actividad en ANDHES vino el día después de aquella reunión. Acompañé a varios compañeros a dar un taller de Habeas Corpus en un barrio. Para mí ese momento fue tan impactante como la primera reunión en Defensa. Implicó pasar de las conversaciones en la oficina del día anterior a ponerle explicitud a todo lo charlado. Recuerdo escuchar a muchos de los vecinos levantar las manos para preguntarle cosas a Pablo, pero también para poder hablar de las cosas que estaban viviendo todos los días por los trencitos. Fueron horas y horas de escuchar situaciones dolorosas. Ahí quedó marcado en mi cabeza la importancia de que ANDHES esté presente y pueda colaborar en revertir estos contextos.



Juicio de Franco Almirón

La primera gran tarea que me tocó fue acompañar el juicio por Franco Almirón, un joven que perdió la visión de un ojo a causa del disparo de un policía en un barrio popular. También considero que fue uno de mis primeros contactos con mi profesión, y sin dudas un momento bisagra.

La semana antes del juicio fuimos al barrio Eucaliptus para visitar a Franco y conocer el lugar de los hechos. Allí nos recibieron muy bien, charlamos un largo rato con él y la gente del MTE. Nos contaron qué había pasado ese día, la perspectiva de los vecinos que estaban presentes, y también hablaron de cómo se estaba la situación con los trencitos en la zona. De ese primer encuentro reafirmamos algo que se viene denunciando hace tiempo: Lo de Franco no fue un hecho aislado sino en realidad el producto de una política de violencia policial en los barrios populares.

Luego de éste encuentro tocaron los días del juicio, en el cual ANDHES se presentó como querella institucional de la mano de Flor y Emilio, y acompañados por toda la línea de defensa. Durante varios días se produjeron los testimonios de Franco, sus amigos, los vecinos y la policía. De sus palabras surgieron las mismas cuestiones que en la charla de la que hablé en el párrafo anterior, pero también vino desde de los policías una confesión muy grande: Ninguno se sentía preparado o instruido para los conflictos vecinales de la vida diaria, consideran que su capacitación es insuficiente y no estaban listos para salir a la calle. Recuerdo particularmente a los efectivos que custodiaban la sala asentir con su cabeza cada vez que un compañero hacía éstas afirmaciones.

El trabajo de Flor y Emilio fue excelente, pero quiero recalcar un momento en particular. Hablo del testimonio de Girvau, Jefe de Policía de Tucumán. Su aparición en la sala era intimidante, junto a él ingresaron varios policías más. Nadie pudo disimular su temor, ni siquiera el propio juez, quien incluso interrumpió el testimonio para ofrecerle un vaso de agua él mismo. Sin embargo, Flor y Emilio asumieron una actitud radicalmente opuesta: jamás perdieron la calma e hicieron todas las preguntas que tenían preparadas, hasta las que más incomodaban.

El día de la sentencia fue decepcionante. El juez decidió liberar al agresor de Franco basándose en una pericia mal producida, argumentando hechos que nadie alegó ni estaban realmente probados. Lo que en el Derecho conocemos como la “sana crítica” terminó siendo la piedra angular de una sentencia discriminatoria porque al nunca comprobarse una agresión por parte de Franco o sus amigos tuvo que basarse en la “experiencia común de la gente que consume”. 

Una sentencia en contra es un golpe duro, pero no es definitivo. Todavía teníamos la chance de apelar para lograr una condena y un reconocimiento de los hechos en segunda instancia, cosa que logramos cuando a principios de este año condenaron a los responsables del disparo a Franco. Y aunque en este momento están revisando la condena queda claro que la búsqueda de la justicia nos otorga varias puertas, que ninguna derrota es terminante y siempre se puede seguir adelante.


Voluntario de la Línea de Defensa y Litigio Estratégico.

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