Territorio en acción: el rompecabezas se arma entre todas y todos

A 50 años de la Noche de los Lápices, la Escuela Sarmiento abrió sus puertas a una jornada pensada junto a docentes con estudiantes de cuarto, quinto y sexto año y de segundo año de Formación Docente. Desde ANDHES llegamos con el cortometraje Rompecabezas infinito y con una propuesta para dialogar juntos, juntas.

La jornada empezó con la proyección del corto en la sala Caviglia y siguió en la escuela con un diálogo junto a Pablo Gargiulo, abogado de ANDHES y protagonista del audiovisual. Las preguntas de las y los estudiantes llegaron enseguida y fueron muchas, sobre su historia,  su vivencia como hijo de desaparecidos, pero también sobre cómo se construye memoria y qué lugar ocupamos las nuevas generaciones en esa tarea. 

Por eso la conversación transitó entre preguntas más generales y otras dirigidas puntualmente a Pablo. Algunas son:

¿Por qué pensaron en la idea de un cortometraje?  

¿Cuáles consideran que son las formas de hacer memoria en el presente? 

¿Qué lugar debe tener la juventud en esa tarea? 

Para Pablo:

¿Qué sensaciones generó volver a recordar y narrar la propia historia a partir de la elaboración del corto? 

¿Lo logrado en la justicia, resultó reparador?

Después llegó el momento de ponerle el cuerpo al rompecabezas. Las y los estudiantes se dividieron en grupos,  y cada estudiante recibió un papel en blanco para intervenir con palabras o dibujos a partir de preguntas como qué escriben hoy nuestros lápices, cuáles son nuestras luchas actuales, qué nos preocupa y cómo nos ocupamos de eso. Cada pieza individual se pegó junto a las demás hasta formar una parte del mural, y al final los seis grupos se encontraron en el plenario para unir todas las partes en un solo rompecabezas infinito.

Quizás talleres como estos nos ayudan a pensar   que la efeméride funciona como excusa y no como único contenido de las conversaciones. La Noche de los Lápices nos reunió, pero lo que construye un diálogo más dinámico son jóvenes pensando en sus propias luchas, en lo que hoy les preocupa y en lo que quieren transformar. Ahí entendimos que recordar a adolescentes de su misma edad perseguidos y desaparecidos cobra sentido cuando se vuelve una pregunta sobre el presente, sobre la participación y el compromiso con los derechos humanos.

Llegamos con la pregunta de qué hacemos con lo que nos falta, y el taller nos mostró que quizás la pregunta más importante es qué parte del rompecabezas somos en la construcción de la memoria. Esa idea de que nadie arma la memoria solo, y de que cada pieza vale porque dialoga con las otras, es lo que seguimos probando desde la pedagogía de la memoria y desde nuestra guía pedagógica, con la certeza de que es una apuesta que va dando frutos.

Salimos de la escuela con un mural o un rompecabezas a gran escala y viviente, con preguntas nuevas y con el compromiso de seguir volviendo a las aulas, que son territorio de memoria y también de disputa. El impacto de una jornada así se mide en la conversación que deja abierta, y esta nos dejó para seguir pensando juntas y juntos.



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