Hace tres años vivimos uno de los acontecimientos más significativos de la historia reciente de Jujuy. En la provincia se consolidaba una nueva matriz productiva a través de una reforma constitucional que poco tenía que ver con el supuesto “progreso” prometido a los pueblos indígenas. Es que nada bueno podía surgir de decisiones tomadas de manera unilateral, sin consenso social y, mucho menos, sin respetar el derecho a la Consulta Libre, Previa e Informada, en la provincia con mayor porcentaje de población indígena de Argentina.
